Yo de mis veranos tengo recuerdos de mucha libertad. Nos veníamos al pueblo, a 40 minutos de donde vivíamos. Allí nos soltaban medio en cueros con una bici y 1 km a la redonda para campar a nuestras anchas. Y un 1km a la redonda cuando eres un niño es muuuuuuuuuuuuucho sitio.
Mi Sardinilla no tendra recuedos de un lugar de veraneo ni de fin de semana. Tenemos una casa en el pueblo de mi marido. Allí vamos mucho pero poco. Me explico: vamos una vez al mes; llegamos el viernes por la noche y el domingo por la mañana ya estamos de vuelta. Y es que a mi no me gusta, señá Paca. Cada día lo detesto más. Allí están los abuelos de la Sardinilla, los padres del Besugo. Y en gran medida ellos son el gran problema.
Con ellos todo es convencionalismo y obligación. A lo mejor hubiera sido mucho más lógico ir con menos frecuencia pero por más tiempo. Quizá hubiera sido más lógico plantarle cara al Besugo y haber sentado otras bases, otras costumbres que no nos hicieran tanto daño.
Estoy segura de que mi Sardinilla se acordará de que su madre allí le regañaba más, estaba más irascible y de mal humor. Pero no puedo evitarlo, me sale de sin querer.......
Me gustaría que el Sr. Besugo tuviera conciencia del daño que nos hace esa obsesión por ser políticamente correcto con su familia. Por que su hubiera una relación real, si hubiera conversaciones que demostrasen interes mutuo de unos por otros, si hubiera continuidad en la relación, una llamada de teléfono un miércoles o un domingo, sin motivo, por saber del otro.....
Pero no hay nada de eso. Y nuestras visitas a su pueblo son cada vez más tensas, menos naturales, con más agobio.
No sé como voy a resolver esto sin hacerle daño, pero si lo dejo, me hago daño yo....... No sé. De momento tengo un mes por delante para no pensar el el puñetero pueblo.
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