Pues a cuento de esto que me cuenta, señá Paca, me acuerdo de mi prima, la Juanilla, semiciega de nacimiento por la cantidad de dioptrías que tenía la pobre. Éramos 3 primas nacidas en el mismo año (en casa de mi abuela éramos decenas de primos y se nos contabilizaba por año de nacimiento), la Juanilla, la Encarnita y la menda. La Encarnita era, y sigue siendo la pobre, retrasada mental, lo que toda la vida se ha llamado tonta, por algún problema del parto. La Juanilla, que ya le digo no veía la criatura 3 en un burro, y yo. Recuerdo toda mi infancia en aquella casa llena de tías (envidiosas) sacándome defectos que no sé si había o no para "tapar" las deficiencias de mis dos primas.
La Juanilla estuvo en su mundo hasta que empezó el colegio, con 6 años. Fue entonces cuando algún maestro con luces pensó que la niña de tonta nada, que lo que le pasaba es que no veía la pizarra.
Y así era. Le pusieron unas gafas con aquellos cristales que tenían en el centro una especie de lupa y mi prima Juanilla dejó de ser tonta, "sólo" por que ya veía.
La Encarnita sigue en su mundo, pobrecita mía. Lo suyo no lo arreglan unas gafas. Pero ese tema lo dejo para otra charleta.
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