Pues sí, señá Paca, que el psicoanálisis de andar por casa funciona cohonudamente y si es por empezar por el principio, pues empezamos.
Mire Usté, señá Paca, yo tampoco tuve una infancia como para recordarla feliz. Mi padre ha sido, y sigue siendo, un calzonazos al servicio de mi madre, que debió ser militar de carrera y hubiera llegado alto, por que manda más que un general. Es de esas personas que necesita ser protagonista de la situación, y si deja de serlo, ella misma se convierte en víctima. Y coño, lo hace con arte....
Cuando yo era chica veía que mi madre tenía todo lo que quería; muebles carísimos, ropa, desayuno diario de bar, viajes, coche y un largo etcétera. Pero yo siempre iba con ropa que ella cosía para nosotras, y no piense que primores, no. LLevábamos modelos que a veces rozábamos el ridículo. Fijese Usté, Señá Paca, a que grado de roñiquería y de desprecio por mi ha llegado a demostrar, que cuando el dije que quería un sujetador ¡¡¡¡ me hizo uno con unas bragas viejas suyas!!!! Pero si yo no era fea, pero lo parecía con aquella decoración. Y lo peor es que yo me lo creí hasta que tuve casi 30 años.
En el colegio en el que hice EGB, que yo soy del tiempo del EGB y el BUP, me quedaba a comer, pero era la única del colegio que se llevaba tartera de casa, y la transportaba en un cesto viejo. Era como si necesitase demostrarme que iba a un colegio caro de cojones pero que ya no quedaba dinero ni para un transporte digno para mi vergonzante tartera.
Y ahora está aquí mi Sardinilla y me horroriza repetir el modelo de mi madre, aunque tengo que entonar el mea culpa por que me descubro muchas veces haciendo y diciendo lo que mi madre me decia y hacia. Y me cabreo como una mona conmigo misma. Pero lo voy superando y voy corrigiendo, aunque cuesta un cohón.
Ay, Señá Paca, cuantas veces pienso en lo que quiero para mi Sardinilla. Y lo tengo claro, pero no siempre es fácil hacer las cosas como una las sueña.
Mi madre siempre cuenta lo horrible que fue mi parto y con el asco y el dolor que lo recuerda. Quizá habría que recurrir a la Gutman para que me dijera que eso lo traslado a toda la vida de su hija.
Sí, señá Paca, todo lo que hemos vivido nos deja poso y vivimos con esos posos.
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