lunes, 21 de marzo de 2011

Provincias

A mi también me pasa, lo de tener pocos recuerdos, y cortos, y desordenados... y precisamente lo que no se recuerda es lo que está ahí influyendo en todo, creo yo.
Sabe, señá Tomasa, que mis padres eran eso que se llama inmigrantes, no de otro país, sino de otra región, pero yo ya nací en esa otra región, que es la mía, pero cuando pequeña vivía en un extraño limbo. Eramos de esas familias que cada veranito de Dios nos metiamos en un Seat Patata y nos ibamos en un viaje que hoy se hace en la mitad de tiempo al pueblo.
Yo sabía que evidentemente ese pueblo no era 'mi' pueblo, pero ese uso del singular "el" pueblo, como si fuera el único, ese uso de la mayúscula hablada... "vamos al Pueblo" no es que me hicieran dudar, pero parece que conspiraban para que yo me sintiera de allí, y yo no me sentía de allí por ningun costao, por mas que no me desagradaban los agostos en el Pueblo, es mas lo esperaba y lo pasaba bastante bien, al menos un mes de cada doce el transplante de habitat nos transformaba durante al menos un mes entre doce a lo mas parecido a una familia normal -entiéndase 'normal' desde un punto de vista infantil-
Los otros once meses estaban plagados de comentarios desagradables sobre el lugar donde nací, sobre las costumbres del lugar donde nací, sobre la forma de hablar, la cocina, las fiestas, o la gente, del lugar donde nací. Yo no sabía en qué lugar me dejaban estos comentarios y me hacia mi preguntita... pero si los zanahorianos son...tal.... entonces yo tambien lo soy? Porque yo soy zanahoriana... entonces? no se refieren a mi... porque !yo no soy Guisantina! una cosa es ir al Pueblo y jugar con los primos pero... yo no quiero ser de allí...
Ahora que soy madre señá Tomasa entiendo aun menos. Como se puede ser tan ciego de corazón y tener tan poca sensibilidad, tan poca vista. Durante muchos muchos años he asumido cosas que creia propias, opiniones que creía mias, que no lo son.
Teniendo ya veintipico años, un día nos contaba una profe mas salá que las pesetas, que ella y su familia se acababan de mudar de Mayonesia a Zanahoria, entonces ella lo primero que hizo fué inscribir a sus hijas en las fiestas de Zanahoria y comprarles el traje tipico, y vestirlas, porque queria que estuvieran integradas y contentas... ay señá Tomasa, de repente me quedé como frita por un rayo, años y años y años de comentarios despreciativos y adjetivos acabados en -uchos me cayeron encima, me fui caminando despacito sola hacia la cafeteria con ganas de llorar, con muchas ganas de llorar, se me vino todo encima... me sentía mas zanahoria que nunca, aunque yo no soy de alardear mucho de estas cosas, pero sentía mucha tristeza, mucha, y me acuerdo que pensaba, yo no soy de allí, por mucho que os empeñeis, por mucho que desprecieis esto y lo otro, a mi me gusta, yo soy de aqui, hablo como hablo y no teneis derecho a reiros...
Aparte de los veranos en el pueblo, apenas salíamos, hablo de hasta mis quince o dieciseis años... fines de semanas y fiestas, ibamos a una casa en el campo, y allí estabamos, ese puede ser tema para otro día, el caso es que nunca o casi nunca ibamos a la ciudad de Zanahoria, lo que es la vida señá Tomasa, yo que soy una super-enamorada de esa ciudad porque me parece la mas bonita y la mejor del mundo para vivir...
Una vez en el pueblo, a finales de verano, estaba un poco cansada de estar allí, y tenía mas ganas de volver a casa que otra cosa... este pensamiento me parecía poco menos que pecado mortal, pero cuando estaba ya a punto de irme a dormir, se me filtró y me atreví a decírselo a mi madre, esperando que me riñera, pero para mi sorpresa, no, me dijo que ella también tenía ganas de volver... me lo dijo con tristeza... ahora si que yo ya no sabía qué pensar... quizá fue de las primeras veces en que me di cuenta de que mi madre hacía siempre y solo lo que mi padre mandaba y ordebanaba, con la esperanza supongo de que la quisiera un poco... ese 'yo también'
me impactó y me dió la sensación de que mi madre era una niña mas que hacía lo que se le decía, me dormí enseguida.
Aquel año, en el viaje de vuelta, cuando vimos en la carretera el cartel que anunciaba "provincia de la Hortaliza" (uno de los momentos del año mas feliz para mi, por supuesto, secreto) me di cuenta de que algo había cambiado

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