Pocas veces, señá Tomasa, algo tan pequeño ha sido tan grande, con perdón por lo fácil del juego de palabras, ni tan importante en una vida, como mis córneas. Esas de segunda que me hicieron llevar gafones hasta la treintena, pero no es de ellas cuando mayorcita que quiero hablar, sino de cómo me influirían cuando era pequeña, muy pequeña.
Porque me doy cuenta señá Tomasa de que mi HuevoFrito tiene muy buena vista, ve cositas muy pequeñas de cerca y cosas muy lejanas... y eso me da una felicidad que no se puede usté imaginar. Y no lo digo por la cosa estética, que también. Lo digo porque recuerdo cómo veia yo antes, mejor dicho, como no veia, y me pregunto cómo se debe de sentir una criatura tan pequeña, de meses, de pocos años, perdida en un mundo difuso, donde literalmente no sabe lo que se le viene encima.
Hace poco -relativamente- tiempo, me comentaba un familiar que el día que me pusieron mis primeras gafillas miraba el mundo a mi alrededor con aire maravillado... y dijo una frase que metió la mano entera en la llaga "a partir de ahi, es que te cambió el caracter, seguramente antes estabas muy insegura". Yo no se porqué nunca mi propia madre llegó a esa conclusión, que por otra parte, es bastante facilita. No, a mi siempre se me dijo que de pequeña era mala y llorona, muy llorona, y hala, ahi queda eso.
Esas muchas dioptrias cambiaron tanto mi vida que de no haber estado ahí seguramente muchas cosas habrian sido distintas.
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