jueves, 10 de marzo de 2011

Senda

Pues ya ve usté, señá Tomasa, lo que es la vida, que a esa mismica hora de la noche andaba yo desvelada perdida, hasta que al fin unas gargaritas con agua y bicarbonato me calmaron un poco la garganta, y me dormiría calculo yo, sobre las cuatro o así
Qué verá usté, que ni todo el monte es orgasmo, pero tampoco todo el monte es aliaga, dicho sea con máximo respeto y admiración por la aliaga, que me parece una planta mediterranea maravillosa, es sólo una comparación. Así que déjeme contarle hoy un recuerdo bonito, a ver si así nos cambian estos fenchuís tan negruzcos que parecen merodearnos...
Y es que pensaba yo ayer, señá Tomasa, que todo no pudo ser malo, ni evidentemente lo fue, y quise recordar cosas buenas, sacarlas también a la luz, porque además, desde HuevoFrito, me gusta traer recuerdos y sobre todo recordar sentimientos que yo tenía de niña, por mi misma y para cuidar mejor de HuevoFrito, porque es el adulto el que puede y debe ponerse en el lugar del niño, lo contrario no es posible ni mucho menos saludable, cosa que intento a veces hacerle entender a HuevoDuro, pero eso es harina de otro costal, señá Tomasa.

Vamos con el recuerdo; uno de los momentos mas felices para mi del año era principios de septiembre: la vuelta al cole. Suponía libretas nuevas (aunque algunas venían con el logotipo del 'Continente' impreso en la esquina inferior derecha, esa 'c' gordita tan poco glamourosa), bolis nuevos, algun estuche nuevo, lápices, gomas... todo nuevo y repletito de chi, que yo absorbía encantadísima de la vida. En esto no se me racaneaba demasiado, como yo era taaaaaaaaaaaan inteligente, a la niña ahí no se le recortaba el presupuesto.
Pero lo mejor de lo mejor era el día de ir a por los libros nuevos. Aunque la mayoría de años, camino del colegio donde los comprábamos, me tocaba ir oyendo la cantaleta de qué cara tenían de ir cambiando los libros, que a ver porqué no me podían valer los de mi hermano que quedaban nuevecitos, que vaya dineral... a mi por una oreja me entraba y por otra me salía (la velocidad de salida, mayor que la de entrada) porque iba saboreando la felicidad por anticipado y poco me importaban esas quejas, la verdad. El olorcito a nuevo de mis libros... y el mejor de todos, el libro de lectura "Senda". Un titulo precioso ¿no le parece, señá Tomasa? Senda, el camino, la lectura, eso tan importante en mi vida. Otros niños renegaban, por tener que leer para el día siguiente la página que nos había marcado la seño; yo tenía que contenerme para no leerme el libro entero la noche antes de que empezaran las clases. Acariciaba la portada y disfrutaba del color marrón y del dibujo de la portada de aquel año. Un libro nuevo a estrenar por mi, lleno de fragmentos de lectura a cual mas bonito. Y me costaba no leermelo enterito y procuraba dejar algo para el día siguiente o el otro, pero esa noche siempre me dormía feliz.

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